Las semanas pasaron más rápido de lo que cualquiera esperaba.Dubái dejó de sentirse ajeno. Las rutinas se formaron, las risas volvieron a ser constantes y, desde fuera, todo parecía perfectamente acomodado, pero por dentro… nada estaba en calma.El ambiente en la terraza privada de la villa era pesado esa noche.El cielo estaba despejado, la ciudad brillaba abajo como un mar de luces y el aire cálido apenas movía las cortinas.Rowan estaba recargado en la baranda, con una copa en la mano, mirando al vacío. Felipe estaba sentado en uno de los sillones, girando el vaso entre sus dedos. Thomas, más relajado, observaba a ambos con esa expresión sabia que pocas veces usaba en serio y Fergus estaba de pie, rígido, con la mandíbula apretada.—Es demasiado. —Soltó Felipe finalmente, rompiendo el silencio.—¿Qué cosa? —Gruñó Fergus sin mirarlo.—Alexander. —Respondió sin rodeos. —Ese tipo no se despega de Lily ni para respirar.—Es su prometido. —Dijo Fergus seco.—No es eso. —Intervino Rowan
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