Estaba, literalmente, conmocionada. Jamás había recibido una joya tan preciosa y, claramente, tan costosa. Y en realidad, no era por el precio o por ser el diseño más exclusivo, sino porque el detalle venía de él, y eso tenía un valor aún mayor para ella.— ¿No te ha gustado? — preguntó Livingston, quien permanecía en absoluto silencio.— Está… es demasiado precioso. De verdad, no debiste molestarte. Yo me habría conformado con cualquier otro detalle de menor valor; mientras viniera de ti, lo apreciaría.— Lo mejor para ti, querida esposa. Dame tu mano — le pidió, extendiendo la mano derecha mientras la otra sostenía la valiosa caja. Ella, muy temblorosa, extendió su mano derecha, y entonces Máximus la tomó, dándole una leve caricia con la yema de su dedo pulgar. — Este anillo representa mi compromiso contigo. — Se lo colocó lentamente, y ella sintió cómo toda su piel se erizaba. Literalmente, aquello fue una toma excelente para los periodistas, quienes claramente estarían en Primera
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