Harper llega al área de diseño con pocos ánimos y encuentra a Lukis regañando a las modelos, como de costumbre. —¡Ay, quédate quieta!— le espeta a una hermosa morena. —Derechita, las medidas deben ser perfectas.
—Hola —saluda Rosie. Lukis se gira para mirarla.
—Pero si la señora Livingston se decidió a aparecer —dice, arqueando una ceja con sorna. Luego aplaude con energía. —Niñas, ya pueden irse. Debo seguir creando arte, ¡shu, shu!— Les dice a las cuatro modelos, quienes se retiran de inmediat