— ¡Atlas, a la mansión ahora mismo! ¡Y no te detengas por nada! —ordenó Máximus con una dureza que hizo que el chófer reaccionara.
Atlas asintió sin decir una palabra, pisando el acelerador para sacar la camioneta del escandalo de reporteros que golpeaban los cristales oscuros. Máximus esta sentado al lado de Rosie, con la mandíbula tan apretada que parecía que los dientes se le iban a romper. Estaba furioso. No solo por el escándalo, sino por algo mucho más profundo y primitivo: los celos. La