El silencio cae pesado en la oficina y Maximus mira a su abuela con enojo, pero sabe que no hay escapatoria. Se gira hacia Rosie, quien lo observa con una mezcla de miedo y anticipación. Con un gesto de frustración, agarra su rostro con ambas manos, suave pero firme. La mira a los ojos, y ella a él. En ese instante, el mundo se reduce a ellos dos: sus pupilas dilatadas, el aliento cálido.Y de repente, la besa.Es un beso jodidamente prendido, como un incendio que devora todo. Maximus presiona sus labios contra los de ella con urgencia, no como un deber, sino como si lo hubiera deseado en secreto todo el día. Su boca es exigente, abriéndose paso, y Rosie responde sin poder evitarlo. Sus lenguas se encuentran en un baile salvaje, húmedo y ardiente. Ella siente un calor líquido bajando por su vientre, mojando sus bragas en un segundo, como si su cuerpo traicionara todos sus intentos de resistencia. "Dios, esto es demasiado", piensa, mientras sus manos suben instintivamente a su cuello,
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