Siento morir en vida.
Rosie se acomodó en el asiento trasero del taxi y, al estar cómoda, cruzó las piernas como si eso pudiera calmar el revoloteo que sentía en el estómago. El beso todavía le quemaba en los labios, en la piel, en todas partes. Se pasó los dedos por la boca sin darse cuenta, como queriendo borrar la sensación… o guardarla, no estaba segura.
—Al bar, La Esquina, por favor —le dijo al conductor, con voz más baja de lo normal.
El hombre asintió sin mirarla por el retrovisor y arrancó.
Maximus… ese hom