Maximus se quedó quieto frente al espejo, el peine suspendido en el aire. Algo en el tono de Héctor le erizó la piel.—¿Qué encontraste?Héctor respiró hondo al otro lado de la línea, como si estuviera midiendo las palabras.—Rosie Harper… no es una desconocida para usted, señor. Estudiaron juntos en la secundaria. En el mismo instituto, misma promoción. Ella era… bueno, la llamaban el “patito feo” del curso. Apariencia descuidada, ropa que no le quedaba bien, siempre con el cabello tapándole la cara. Nadie le prestaba atención, o mejor dicho, cuando lo hacían era para burlarse.Maximus frunció el ceño, un recuerdo borroso empezando a picarle en la nuca. Algo familiar, pero lejano.—¿Y? Sigue.—Usted… usted era uno de los que más se burlaba, señor. No solo la ignoraba, la humillaba en público. En los pasillos, en el comedor, en fiestas. Recuerdos de compañeros dicen que una vez, en una clase de educación física, la hizo llorar delante de todos por cómo se le marcaban los kilos o por c
Leer más