DAMIÁNEl portazo hizo temblar los cuadros de la pared, pero el que se estaba desmoronando por dentro era yo.En cuanto me quedé completamente solo en la oficina, empecé a hiperventilar, jalando aire por la boca desesperadamente, sintiendo que me asfixiaba.Lo había logrado, la había alejado, le había dicho las cosas más asquerosas, viles y crueles que un hombre podía escupirle a la mujer que amaba. Y había funcionado a la perfección, porque me miró con un odio absoluto, me vio como a un demonio.Y estaba bien, prefería mil veces que me odiara con toda su alma, prefería que me deseara la muerte y no me volviera a dirigir la palabra en su vida, a cambio de que estuviera viva y sana. Si ella abortaba por despecho, para deshacerse de cualquier vínculo con el monstruo que yo era, entonces su corazón seguiría latiendo, yo podí
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