Se despidió de ella y sus hermanos, salió del jardín y caminó a paso acelerado. De pronto.—Hijo cuídate mucho. —escuchó las palabras de Paolo. Emiliano lo miró y levantó su mano, sin pronunciar palabras. Sj pecho comía por todo lo que estaba sucediendo, subió al auto, y salió de ahí, todo el trayecto. Pensó, analizó y concluyó sobre la situación, y llegó al aeropuerto, abordó el jet privado y voló rumbo a Suiza. Las horas de vuelo fueron en un completo silencio meditador, imaginó uno y mil diálogos entre Claudio y él. Sin darse cuenta y percatarse del tiempo. Ya estaba en el aeropuerto de Suiza. Bajó del avión y salió del hangar, subió al auto, entregó la dirección al chófer y este lo llevó al pueblo, y luego a la iglesia donde Claudio practicaba sus labores sacerdotales.El paisaje pasaba frente a él, mientras lo miraba con indiferencia.Llegaron a la iglesia. Y como cada mañana el sacerdote Ricardo estaba en un momento de oración. Emiliano, bajó del auto y caminó con pasos firmes h
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