Se despidió de ella y sus hermanos, salió del jardín y caminó a paso acelerado. De pronto.
—Hijo cuídate mucho. —escuchó las palabras de Paolo. Emiliano lo miró y levantó su mano, sin pronunciar palabras. Sj pecho comía por todo lo que estaba sucediendo, subió al auto, y salió de ahí, todo el trayecto. Pensó, analizó y concluyó sobre la situación, y llegó al aeropuerto, abordó el jet privado y voló rumbo a Suiza. Las horas de vuelo fueron en un completo silencio meditador, imaginó uno y mil diá