Sábado por la mañana. El día después de la aparición de Sofía.
Desperté encontrando el lado de León vacío. La sábana todavía tibia indicaba que no llevaba mucho tiempo levantado.
Lo encontré en el gimnasio golpeando el saco de boxeo con una intensidad que bordeaba lo violento. Sin camisa. Sudor brillando en su espalda. Cada golpe cargado de frustración contenida.
Me quedé en la puerta observándolo. No me había visto todavía.
Golpe. Golpe. Golpe.
—Vas a lastimarte las manos —dije finalmente.
Se