La oficina de Bruno era un caos organizado. Pizarras blancas cubiertas de nombres conectados con flechas. Fotos impresas pegadas en las paredes. Documentos esparcidos por todas las superficies disponibles.
—Bienvenida a mi centro de operaciones —dijo cerrando la puerta detrás de mí—. ¿Café?
—Necesito algo más fuerte que café.
—No tengo alcohol aquí. Pero tengo Red Bull.
—Me sirve.
Me entregó una lata y señaló hacia la pizarra más grande.
—Esto es lo que encontré.
El organigrama era incluso más