La Madre Luna, Lirian, cuya gratitud se había evaporado como el humo, dejó que su forma humana se viera consumida por la furia de su bestia interna.Sus ojos, antes nublados por las lágrimas, brillaron con un rojo carmesí sobrenatural, la marca de una luna alfa traicionada.—¡Maldita perra! —rugió Lirian, su voz distorsionada por el gruñido de su loba—. ¡Tuviste la osadía de envenenar la sangre de mi sangre para luego fingir un milagro! ¡Has profanado este hogar con tu magia negra! ¡Guardias, maten a esta loba ahora mismo! ¡No quiero que su cabeza siga pegada a su cuerpo antes de que el sol termine de ocultarse!Meissa miró a su alrededor.Vio los rostros de los generales que antes la respetaban, ahora convertidos en máscaras de odio.Vio a Lady Stelle, quien ya ordenaba a los centinelas que desenvainaran sus dagas de plata.Comprendió, con una claridad dolorosa, que la verdad no tenía valor en un nido de lobos sedientos de venganza."Mi vida... no quiero morir así. No otra vez", pens
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