Mientras el Alfa Lysander regresaba a sus aposentos, Lady Stelle, despojada de su orgullo y su posición, esperaba en la penumbra de un pasillo.Ya no esperaba ver al Alfa, sino a Itan, el nuevo y Beta.Al verlo, Stelle se desplomó.Se arrodilló ante él, sus manos temblorosas buscando el borde de la capa del guerrero.Sus ojos, antes altivos, estaban rojos de tanto llorar.—Lady, levántese, por favor. No es digno de su linaje estar en esta posición —dijo Itan—¡Ayúdeme, Itan! ¡Se lo suplico! —gritó ella, con la voz rota—. El Alfa me ha condenado al destierro. ¡Quiere enviarme al monasterio del Norte! ¡Me alejará de mi cachorro! Marvin es mi vida, es el futuro de esta manada. No puedo dejarlo solo en manos de esa... de esa intrusa.Itan lanzó un suspiro cargado de angustia, aunque en su mente las piezas del ajedrez se movían con rapidez.—El Alfa está cegado por el vínculo del mate, Lady Stelle. Es una fuerza primitiva que nubla su juicio —respondió Itan, ayudándola a levantarse con una
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