Capítulo 68.
Dante aflojó un poco el agarre sobre la cintura de Elena, pero no la soltó por completo.
—Lo siento, Elena —murmuró él. Su voz grave y rasposa vibró en la quietud de la madrugada—. Sabes que no te trataría de esta forma.
Elena lo miró de inmediato. Sus ojos estaban muy abiertos, brillando por las lágrimas de pura indignación que amenazaban con derramarse.
—Sabes que la forma en que nos conocimos no fue la mejor —continuó Dante. La sujetó con un poco más de fuerza, obligándola a mirarlo directam