Al ver a Elena aferrada con tanta fuerza al asa de esa maleta, decidida a no ser el secreto ni la burla de nadie más, su postura cambió de inmediato.No hubo gritos, ni hubo discusiones, ni le rogó que se quedara.Dante avanzó desde la puerta hacia la cama a pasos largos y muy firmes.Sin decir una sola palabra, le arrebató el asa de las manos, agarró las dos inmensas maletas que Elena acababa de empacar con tanto dolor y las tiró al suelo sin importarle lo que hubiera adentro.—¡Dante, qué te pasa! ¡No me vas a detener! —reclamó ella, retrocediendo un paso, sorprendida por la reacción.Él no le dio tiempo ni de respirar. La agarró por la cintura con sus manos grandes y ásperas, jalándola hasta pegarla por completo a su pecho ancho.Bajó la cabeza y atrapó sus labios a la fuerza.Fue un beso duro, exigente y lleno de muchísimo fuego, demostrándole con cada movimiento de su boca que él era el único dueño de su piel, de su corazón y de su vida entera.Elena intentó resistirse el primer
Leer más