Capítulo 146.
Cristian, obedeciendo las órdenes sin dudar ni un segundo, usó la culata gruesa de su arma para destrozar la cámara de seguridad que estaba escondida en la esquina del techo.
Los pedazos de plástico negro y vidrio cayeron sobre la alfombra costosa como si fueran lluvia.
—¡Revisen absolutamente cada rincón de este maldito lugar! —ordenó Dante—. Rompan los lentes, arranquen los cables. Destruyan todo lo que sirva para grabar. Nadie va a observar a mi mujer y a mis hijos en mi propia casa.
Elena s