Capítulo 142.
Gabriel abrió los ojos con muchísima pesadez. La luz blanca del techo lo cegó por un instante.
Intentó respirar profundo, pero todo su cuerpo se sentía como si hubiera sido aplastado por un camión de carga.
Un dolor agudo, punzante e insoportable le quemaba el costado derecho del abdomen.
Había sobrevivido a la cirugía de milagro.
La bala que disparó su propio hermano mayor no logró matarlo, pero lo dejó anclado a esa cama, débil, rodeado de tubos y monitores que medían sus signos vitales.
Mien