Capítulo 150.

Al ver a Elena aferrada con tanta fuerza al asa de esa maleta, decidida a no ser el secreto ni la burla de nadie más, su postura cambió de inmediato.

No hubo gritos, ni hubo discusiones, ni le rogó que se quedara.

Dante avanzó desde la puerta hacia la cama a pasos largos y muy firmes.

Sin decir una sola palabra, le arrebató el asa de las manos, agarró las dos inmensas maletas que Elena acababa de empacar con tanto dolor y las tiró al suelo sin importarle lo que hubiera adentro.

—¡Dante, qué te
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