Dante pasó saliva con dificultad, intentando procesar la información que el médico le acababa de dar.—Doctor, escúcheme bien —dijo el magnate, buscando desesperadamente una explicación lógica—. A ella la evaluó un médico de mi entera confianza en Suiza hace apenas unas semanas. Ese hombre me aseguró, que ella tenía un mes de embarazo. Por lo tanto, a estas alturas debería estar entrando apenas en su segundo mes.El médico neoyorquino suspiró con toda la calma del mundo, frente a él.—Señor, la ciencia y los ecosonogramas no mienten, los humanos sí. Ese médico en Suiza se equivocó de una manera catastrófica, o simplemente le mintió en la cara por algún motivo. No hay otra explicación médica para el tamaño y el desarrollo de este feto. Con permiso, tengo otros pacientes que atender.El doctor se dio la vuelta y se alejó por el pasillo blanco, dejando a Dante aturdido, clavado en el frío piso de la sala de espera.El silencio absoluto lo envolvió. Dante empezó a buscar rápidamente en su
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