Los días pasaron volando en Nueva York, marcando una rutina nueva y tranquila.Elena y Gabriel se veían con mucha más frecuencia de la que ella había planeado inicialmente.Él se había convertido en una presencia constante, sumamente amable y protectora en su vida diaria.Gabriel se estaba enamorando perdidamente de ella.El enamoramiento de Gabriel era evidente en su mirada y en los constantes detalles que tenía con la floristería, pero Elena se mantenía firme en su coraza, enfocada únicamente en su negocio y en sus hijos.Él, sin embargo, estaba dispuesto a ser el hombre más paciente del mundo.Esa lluviosa noche, tras compartir una tranquila cena en el apartamento de Elena en Manhattan, llegó la hora de despedirse.Gabriel se puso el abrigo, se acercó a ella y, con una mirada intensa, acortó la distancia buscando sus labios.Automáticamente, Elena giró el rostro con nerviosismo, haciendo que los cálidos labios del millonario terminaran rozando su mejilla.Era algo que simplemente n
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