Capítulo 105.
Dante entró a su suite, aflojándose la corbata.
Su mente seguía anclada en Elena y en la rabia de haberla visto defendiendo al pintor, pero al dar el primer paso en la sala, se quedó paralizado.
Allí estaba ella su esposa.
Charlotte lo esperaba sentada en el sofá blanco, cruzada de piernas con total altivez y lo miraba fijamente.
Dante cerró la puerta a sus espaldas. Soltó un suspiro profundo y puso los ojos en blanco, sin ocultar en lo más mínimo su absoluto fastidio.
—¿A qué viniste? —pregunt