Capítulo 109.
Llevaba una semana exacta durmiendo en la misma habitación de Elena.
Las noches se habían convertido en un duelo constante entre el deseo y la terquedad. Los besos y las caricias no cesaban en la oscuridad.
Cada madrugada, sus cuerpos se unían de forma casi involuntaria.
El deseo ardiente ya era parte de ellos, una fuerza magnética e instintiva que los arrastraba a la cama sin importar cuánto discutieran o se gritaran durante el día.
Sin embargo, al amanecer, con la luz fría entrando por la ven