Capítulo 94.
Era de noche en la inmensa mansión de París. Elena caminó con pasos suaves, envuelta en una bata de seda, para darle las buenas noches a sus bebés antes de intentar dormir.
Abrió la puerta de la habitación con sumo cuidado y se detuvo. Su respiración se cortó.
Allí estaba Dante.
Tenía semanas sin aparecer por Francia. Estaba de pie frente a las cunas de cristal, observando a los pequeños.
—Dante... —murmuró ella, rompiendo el silencio.
Él no se giró de inmediato. Siguió mirando cómo el pecho de