Capítulo 97.
Al día siguiente, la rutina agotadora pero feliz había llegado a su fin.
La noche había caído por completo sobre la ciudad que nunca duerme.
El bullicio incesante de Manhattan parecía apenas un murmullo lejano desde la altura y seguridad de su lujoso apartamento.
Elena acababa de acostar a sus dos pequeños en la habitación.
Joshua y Aaron dormían profundamente en sus cunas, exhaustos tras un largo día de juegos, risas y biberones.
Al cerrar la puerta de la recámara con sumo cuidado, sintió que