Claudia recibió de las manos de Germán el obsequio de Paul. En un principio dudó en aceptarlo pero luego decidió hacerlo, a fin de cuentas necesitaba comunicarse con él.
Esa noche mientras descansaba de aquel ajetreado día, recibió la llamada de Paul. Su corazón latió apresuradamente al ver que era él. Lo atendió sin demora.
—¡Hola! —respondió con un tono dulce y suave.
—Hola —contestó él—. ¿Cómo te sientes?
—Bien... realmente un poco apenada contigo. —suspiró—. Tenías toda la razón. Apar