Realmente adictivo

La mañana siguiente, Paul recibió una visita inesperada de Mónica.

—Tienes visita, Bellini —anunció el guardia mientras abría la puerta de la celda y le colocaba las esposas.

Caminaron por el largo pasillo, y el resto de los detenidos lo miraba con repulsión. Paul era el único de los reos que no compartía celda con nadie más. Su posición en la cárcel, aunque privilegiada, obedecía a una concesión que Mónica había logrado gracias a su poder político.

Sin embargo, ella no esperaba que Paul le
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