Lyria despertó lentamente, como si su cuerpo se resistiera a abandonar el refugio de la noche anterior, pero la calma no la recibió al abrir los ojos, Durante unos segundos permaneció inmóvil, con la mirada perdida en el techo, aferrándose al recuerdo de él, a la forma en que la había sostenido, a la certeza que le había dado sin saber que todo estaba a punto de romperse.Fue entonces cuando lo sintió.La ausencia.Giró la cabeza de golpe y encontró el espacio a su lado vacío, las sábanas desordenadas, el rastro de una presencia que ya no estaba. Se incorporó rápidamente, sin preocuparse por el frío ni por la desnudez, con una sensación creciente de urgencia que no podía explicar, pero que se instalaba en su pecho con una fuerza insoportable.—Edrion… —susurró, como si nombrarlo pudiera traerlo de vuelta.Se levantó y recorrió la habitación, primero con pasos inseguros y luego con una desesperación que crecía a cada segundo, abriendo puertas, buscando en cada rincón, negándose a acep
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