Elinor ocupó su lugar sin necesidad de proclamaciones ni gestos grandiosos, porque el poder no siempre llegaba acompañado de ruido, y en su caso se instaló con una naturalidad inquietante, casi silenciosa, como si el palacio mismo hubiera estado esperando por ella. Desde el primer momento en que tomó el control, todo comenzó a cambiar de forma sutil, casi imperceptible, pero lo suficiente como para que quienes la rodeaban lo notaran sin atreverse a comentarlo en voz alta.La reina parecía distinta, más firme en sus decisiones, más tranquila en su presencia y, sobre todo, más difícil de leer.Ya no había titubeos ni inseguridad en su forma de hablar, y cada palabra que pronunciaba parecía estar cuidadosamente medida, como si hubiera aprendido en muy poco tiempo lo que a otros les tomaba años dominar. Sus movimientos eran precisos, su mirada sostenida, y su silencio, cuando lo elegía, tenía tanto peso como cualquier orden.Elinor aprendía rápido, porque no tenía otra opción, y mientras
Ler mais