El dolor no llegó como un golpe repentino, sino como algo que se instaló dentro de Valeria y comenzó a expandirse, ocupándolo todo, haciéndose insoportable con cada respiración. Su cuerpo apenas respondía, débil, tembloroso, mientras su mente permanecía atrapada en la misma escena una y otra vez, repitiendo la pérdida con una claridad cruel que no le daba tregua. Las lágrimas caían sin descanso, silenciosas al inicio, luego quebradas, desesperadas, porque no había forma de contener algo tan grande.El médico permanecía a su lado, observándola con atención, intentando sostener la situación con la lógica que le quedaba, aunque algo no terminaba de encajar. Fue entonces cuando su mirada se desvió hacia la mesa cercana y se detuvo en la taza que descansaba allí, olvidada, como un detalle insignificante que, sin embargo, no lo era.Tomó la taza con cuidado, como si en ese simple gesto hubiera algo más de lo que parecía, la acercó lentamente y aspiró el aroma con atención, y fue en ese inst
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