El rey no apartó la mirada después de decirle que muriera.El silencio se estiró entre ambos como un hilo tenso.Fue él quien habló primero.—Dime —preguntó con voz baja, apoyando el codo sobre el brazo del sillón—, ¿qué es tan horrible de casarte conmigo?La pregunta no fue irónica.Fue directa.Lyria levantó la vista, sorprendida por el giro.—No le temo, Majestad.Sus ojos azules se afilaron apenas.—Eso ya lo sé.Se inclinó un poco hacia ella.—Entonces responde. ¿Qué es lo insoportable?Ella abrió la boca para responder, pero las palabras no llegaron. No era su rostro lo que la inquietaba, ni su poder, ni siquiera la fama oscura que lo precedía; lo que la asfixiaba era algo más profundo y difícil de explicar, la sensación de no haber tenido nunca elección, de haber sido empujada hacia un destino decidido por otros. Sin embargo, ponerlo en voz alta sonaba frágil, casi infantil, como una queja que un rey no estaría dispuesto a escuchar.El silencio se prolongó apenas un instante, s
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