El tiempo se estiró como una cuerda a punto de romperse. En el búnker de la acería, el aire era tan denso que Bella podía sentir el sabor de la pólvora antes de que el primer proyectil abandonara el cañón. Nikolai Volkov, "El Ruso", estaba detrás de ella, su respiración gélida rozándole la nuca, mientras la mano pesada de Dante Moretti la empujaba hacia adelante, hacia la traición final.Frente a ella, Enzo —el hombre que le había enseñado a Luca a disparar, el que había reído en su cena de compromiso ficticia— cerró los ojos. No había miedo en su rostro, solo una resignación heróica. Sabía que la cobertura de Bella valía más que su vida.—Dispara, Bella —siseó Dante—. Recupera tu apellido.Bella apretó el gatillo, pero su mente ya había procesado la trayectoria. No apuntó al corazón de Enzo ni a su cabeza. En el último microsegundo, desvió el arma apenas unos centímetros hacia la izquierda de su hombro.¡BANG!El proyectil no impactó en carne humana. Atravesó una válvula de presión de
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