El cuartel general de la Interpol en Lyon solía ser un hervidero de actividad burocrática, pero la Sección de Análisis de Criptografía de Alto Riesgo era un mausoleo de silencio sepulcral. Allí, entre paredes de hormigón reforzado y el zumbido constante de los servidores, el tiempo no se medía en horas, sino en paquetes de datos procesados.En el centro de ese santuario tecnológico se encontraba Julian Thorne Jr.A diferencia de su padre, el inspector Julian Thorne, cuyo carácter era una mezcla de pasión volcánica y testarudez policial, Julian Jr. era una hoja de bisturí. Su rostro, de una simetría inquietante, rara vez mostraba emoción. Vestía trajes de corte italiano tan afilados como su mente, y sus ojos, de un gris tormentoso, no buscaban la justicia que su padre tanto predicaba. Buscaban el orden a través de la eliminación.Julian Jr. deslizó los d
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