Amelia bajó del auto y le dedicó una sonrisa de agradecimiento a Richard antes de dirigirse a la casa. El ama de llaves abrió la puerta y le ofreció una sonrisa cordial.
—Señora —la saludó.
—Buenas tardes —respondió Amelia.
—La señora se encuentra en la sala. Nadie más ha llegado aún.
Amelia asintió y se encaminó hacia allí.
—Evelina —saludó al entrar.
Su suegra se puso de pie de inmediato y se acercó a ella. La abrazó con delicadeza antes de apartarse y dirigir la mirada a su vientre.
—Pero mí