Amelia miraba hacia el exterior del coche, mientras en el interior reinaba un silencio tenso. No había tenido más opción que viajar con Dimitri; su coche ya no estaba cuando salió de casa de sus padres. Además, incluso si hubiera seguido allí, habría resultado extraño que se marcharan en vehículos separados. Dimitri ya había actuado lo suficientemente extraño como para despertar miradas sospechosas.
—¿Vas a hacer como si no estuviera aquí todo el viaje?
—Oh, estás aquí —respondió ella con sarca