Sergey arrastraba los dedos lentamente por la espalda de Lily. Ella descansaba boca abajo, completamente desnuda, con el torso apoyado sobre él y los brazos cruzados bajo el mentón. Se veía plena y satisfecha, y su orgullo masculino se alimentaba al saber que él tenía mucho que ver con aquella expresión en sus ojos.Habían regresado de la casa de sus padres hacía apenas una hora y, tan pronto como salieron del ascensor, la levantó en brazos y la llevó directamente a su habitación, ansioso por tenerla otra vez para él. Después de compartir su atención con toda su familia durante horas, sentía esa extraña necesidad de poseerla para recordarse que ella le pertenecía solo a él.—Estaba pensando...—¿Tú? ¿Pensando? ¿Debería asustarme?Sergey sonrió.—Muy divertido, dorogaya. Aunque te cueste creerlo, mi cerebro está lleno de buenas ideas.—De hecho, sí que me cuesta.—Me motivas un montón.—Es para eso que existo.Sergey frunció el ceño, fingiendo estar molesto. Lily no pudo contenerse má
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