El entrenamiento físico había terminado hacía apenas diez minutos, dejando a todo el equipo de la 314 en un estado de semi-consciencia. El calor del mediodía en Thalassa se filtraba por las rendijas del techo de zinc, creando una atmósfera pesada y cargada del olor a caucho quemado y sudor.Liam, Nicolás, Sofía y Lucas estaban desparramados en los bancos de madera cerca de la zona de pesas, bebiendo agua como si no hubieran visto un líquido en años. Isabella, sin embargo, se había dejado caer directamente en el suelo de cemento frío del hangar, lejos de los bancos, con los brazos extendidos y los ojos cerrados. El cansancio de las series de ascenso, sumado a la adrenalina residual de la noche anterior, la había dejado vacía.Lo que ella no sabía era que Gabriel, que acababa de salir de la oficina tras dejar unos informes, se había quedado de pie junto a la columna principal, a escasos metros de ella. Él estaba en silencio, observándola con una mezcla de ternura oculta y preocupación,
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