Narrado por Gabriel CalvelliEstaba sentado en el sofá raído del apartamento de Olimpia, con una bolsa de guisantes congelados presionada contra mi mejilla izquierda. El frío del plástico era lo único que calmaba el latido rítmico de mi cara, que a estas alturas ya debía de tener la marca de los cinco dedos de Isabella grabada como un tatuaje de guerra.Frente a mí, sobre la mesa de fórmica, estaba la computadora portátil de Lucas. La pantalla estaba dividida en varios recuadros: en uno aparecían Mía, Emma y Noah desde la sala de mi casa; en otro, Nicolás y los voluntarios de la 314 desde la cocina de la estación.—¡A ver, Gabi, quítate la bolsa! ¡Queremos ver el daño de batalla! —gritó Nicolás desde Thalassa, sosteniendo una porción de pizza frente a la cámara.—¡No me voy a quitar nada! —gruñí, hundiendo más la cara en los guisantes—. Dejen de grabarme.—¡Oh, vamos, Capi! —exclamó Liam, que estaba tirado en el suelo del apartamento, todavía riéndose por lo bajo—. Fue una ejecución t
Leer más