—¡Es una locura! —exclamé, sintiendo que la rabia y el agradecimiento luchaban en mi interior—. ¡Liam, tú tienes a Mía aquí! Están planeando su futuro. ¡Lucas, tú estás a un paso de ser Capitán de esta estación si yo me voy! No pueden dejar Thalassa por una guerra que no es suya.—Te equivocas, Gabriel —dijo Liam, y su voz ya no era la del chico novato—. Isabella es de la 314. Ella nos cuidó, nos alimentó, nos hizo sentir que éramos más que solo tipos que apagan fuegos. No vamos a dejar que te vayas solo a ese nido de víboras. Si tú vas, nosotros vamos. Somos las piezas de tu equipo, ¿recuerdas?—No puedo permitirlo —insistí—. La estación quedaría sola. No hay personal suficiente.—De eso me encargo yo —la voz de Nicolás resonó desde el fondo del hangar. Se acercó con paso firme—. Yo me quedo, Gabriel. Alguien tiene que mantener el fuerte en Thalassa y asegurar que, cuando vuelvan con ella, tengan un hogar al que regresar.—¿Tú solo, Nico? —pregunté.—No estará solo —dijo Noah, que ac
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