Yo estaba en deuda con él lo quiera o no. Me había salvado de la deshonra y que me fuera a la ruina. Howard quería seguir aprovechando de mi fama para promocionar sus creaciones y redoblar sus ventas, sus franquicias y conseguir más aceptación en el mundo entero. A él le gustaba el éxito, le encandilaba la fama, y era ambicioso en extremo, muy avaro, además. Y yo le era la catapulta para alcanzar el máximo estrellato. -¿Tú me amas?-, le pregunté, entonces. -Desde que te conocí esa noche en los vestidores, no hago nada más que pensar en ti, Jacky, en desear tus besos y en hacerte mía-, fue muy directo Vincent haciendo brillar sus ojos como llamaradas. Acepté casarme con él, pero le puse como condición que firmara un contrato de matrimonio. -En caso de separarnos, lo tuyo es tuyo y lo mío es mío, así de simple-, le dije, alzando mi naricita. -Firmaré ese acuerdo, pero desde ahora te adelanto, mi amor, que todo lo mío te pertenece para la eternidad-, fue él muy poético
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