-¡¡¡Jacky!!!-, me pasó la voz Henry cuando terminó la penúltima audiencia con el juez. Holiday estaba apagado, taciturno, hecho una sombra, hundido en sus hombros. Pamela no quería que me le acercara a hablar con él, empero le dije que no había problema. Holiday tenía los ojos llenos de lágrimas, trastabillaba con su aflicción y tartamudeaba dolido. -¿Cómo podemos cambiar la historia, Jacky?-, me preguntó sin contener el llanto. Él quería que volviéramos estar juntos, que ahora sí sabría comportarse y que no volvería a tocarme siquiera un pelito y que reanudaría su carrera futbolística. -Ya aprendí mi lección-, me dijo sin dejar de llorar. -Ya es tarde, Henry, ya no te amo-, fue exactamente lo que le dije. Eso era cierto. Ahora lo aborrecía, sobre todo porque se comportó como un patán conmigo. -No es tarde, Jacky, podemos volver a estar juntos, te prometo cambiar, respetarte, adorarte, venerarte y volveré a jugar el fútbol, haré muchos goles y me contratará un club ex
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