Warren me daba miedo, me aterraba en realidad, y pensaba que estaba cometiendo un grave error estando con él, y como era mi deseo, convirtiéndome en su esposa, pero más eran mis deseos, mis ansias, mis afanes y el éxtasis en que me encontraba sumida a su lado. Eso hizo que yo le besara en la boca. No pude resistirme más, tampoco. No podía retraerme, además. Me colgué de su cuello y empecé a besarlo muy apasionada, vehemente y febril, tanto que yo gemía y sollozaba igual a una loba hambrienta.