Esa tarde, la Catedral de San Isaac se erguía majestuosa bajo el gris cielo de San Petersburgo. La arquitectura antigua, con sus pilares gigantes y cúpulas doradas, brindaba una atmósfera que era a la vez opresiva y sagrada. En el interior, el aire era frío y olía a incienso viejo, sementara el sonido de los pasos de Nikolai, Anna, Dmitri y Sasha resonaba a lo largo de la vasta nave central.Habían venido para el ensayo general final. El altar mayor, adornado con iconos dorados, esperaba al final de una larga alfombra roja que se extendía como un torrente de sangre sobre el suelo de mármol.—Este lugar es extraordinario, Nikolai —murmuró Anna, sus ojos siguiendo los frescos religiosos del techo de la catedral—. Pero se siente tan... vasto para que solo nosotros dos caminemos juntos.Nikolai se detuvo justo frente a la entrada del salón principal. Miró a Anna y luego le ofreció su brazo derecho en un gesto protector. —No caminarás sola, Anna. En el clan Volkov, no conocemos el conc
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