Y Xander entendió lo peor; no era la primera vez que Hipólita lo traía de vuelta ahí, solo que esta vez era más consciente. Hipólita dejó de hablar. Sus palabras se diluyeron, arrastradas por el sedante, hasta que su respiración se volvió más lenta, más profunda. Xander no se movió. La observó unos segundos más, como si necesitara comprobar que, incluso dormida, no iba a seguir hablando. —Se durmió —murmuró el médico. Xander no respondió. —La carta, señor… El empleado dio un paso al frente. La sostenía con ambas manos. Xander la tomó. El papel era más pesado de lo que debería o tal vez era otra cosa. El médico y el empleado intercambiaron una mirada. —Si necesita algo… No terminó la frase. Se retiraron. La puerta se cerró en silencio. Xander quedó solo con Hipólita y la carta. No abrió el sobre de inmediato. Lo giró apenas entre sus dedos. Como si reconociera algo en él. Como si ya supiera lo que iba a encontrar. Finalmente lo abrió. El sonido del papel fue sec
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