La mañana siguiente llegó con una claridad incómoda.
Demasiada luz para lo que iban a revisar.
Yannis estaba de pie junto al escritorio.
La carpeta abierta, el sonido de la puerta interrumpió el silencio.
—Adelante.
El hombre que entró no necesitó anunciarse.
Su presencia lo hacía por él.
Alto, cabello entrecano, perfectamente peinado.
Traje oscuro, sin una arruga.
Movimientos medidos.
—Doctor Nikolaos Argyros —dijo, extendiendo la mano—. Perito en reconstrucción de escenas y biomecán