Capítulo 279: El Aliento de la TraiciónEl frío de las montañas del Norte se volvió absoluto, una garra de hielo que intentaba detener el latido frenético —y ajeno— en el pecho de Astraea. Valerius, su carcelero, su salvador y su amante, estaba clavado a la piedra por las mismas raíces que ella había convocado. La sangre del Alpha, espesa y cargada de un aroma a almizcle y hierro, goteaba sobre la nieve, despertando en Astraea un instinto de depredador que luchaba con el desgarro de su alma.Vaelen, o la sombra que reclamaba su nombre, se deslizaba por la cámara como una exhalación de oscuridad.—¿Lo sientes, verdad? —siseó la figura, señalando al guerrero herido—. Sientes cómo el corazón de Lyra clama por la sangre de su propio hermano. No es odio, Astraea. Es el hambre del rito que quedó incompleto. Valerius robó una vida para dártela, y ahora la tierra reclama el equilibrio.Astraea se acercó a Valerius. El Alpha levantó la cabeza, y a pesar de la agonía que contraía sus facciones
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