Capítulo 281: El Lazo de EspinasEl éxtasis del ritual se transformó en agonía en un latido. Las raíces que hace un instante florecían bajo el calor de su unión, ahora se enroscaban en el cuello de Valerius como serpientes de madera negra. Astraea, aún con la piel encendida por el contacto del Alpha, sintió cómo la oscuridad del bosque se volvía contra su propio linaje.—¡Suéltalo! —gritó Astraea, pero sus manos, en lugar de obedecerla, temblaban bajo una voluntad ajena.Valerius luchaba por respirar. Sus ojos plateados, nublados por el dolor, buscaban los de ella. Incluso en ese estado, su instinto de Alpha no era de rendición, sino de una posesividad ruda. El aroma a almizcle y sudor se mezclaba ahora con el olor metálico de la sangre que brotaba de las espinas que perforaban su piel.—No... luches contra la tierra, Astraea —logró gruñir él, su voz vibrando con un sacrificio que ella ya no podía tolerar—. Es tu magia... es tu derecho.—¿Mi derecho a ser una asesina? —le espetó ella,
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