Capítulo 266: El Descenso al AbismoEl beso de Valerius fue un rito de posesión y despedida. El sabor de su piel, mezclado con la sal del sudor y el hierro de la sangre, envolvió los sentidos de Astraea, nublando por un instante la advertencia de Mikhail. El calor de su cuerpo contra el de ella era una barricada de carne y hueso, una verdad sensorial que desafiaba a cualquier traición.Cuando se separaron, la puerta de piedra se terminó de deslizar, revelando una oscuridad que parecía respirar.—Si lo que Mikhail dice es cierto —susurró Astraea, su respiración agitada rozando el cuello del Alpha—, si este refugio requiere tu corazón para abrirse... ¿por qué me obligas a seguir, Valerius?—Porque la predestinación no se negocia, Astraea —respondió él, su mano descendiendo por la espalda de ella con una ruda caricia que la hizo estremecer—. Mi vida siempre fue un sacrificio en espera. Desde que te vi nacer entre las llamas de la frontera, mi instinto supo que yo era el arma, pero tú era
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