Ya era tarde.La luz del atardecer se colaba suavemente por las cortinas de la cabaña, tiñendo la habitación de tonos anaranjados y dorados. Afuera, el sonido constante del mar rompía contra la arena, llenando el silencio de la noche que comenzaba a caer.Miriam dormía profundamente en la cama.Estaba desnuda, cubierta apenas por las sábanas blancas que se habían enredado alrededor de su cuerpo mientras dormía. Su respiración era tranquila, pausada, como si por primera vez en muchos días su mente hubiera encontrado descanso.La puerta de la habitación se abrió con cuidado, Miguel entró en silencio.Llevaba una bandeja de comida que había pedido hace un rato. El aroma de la comida china llenaba la habitación: arroz frito, verduras salteadas, pollo en salsa y algunas frutas picadas que había pedido especialmente para ella.Cerró la puerta con el pie para no hacer ruido y caminó despacio hasta la cama.Por un momento se quedó mirándola, una pequeña sonrisa apareció en su rostro.Verla ah
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