Miguel llevaba más de cuatro hora recorriendo las calles.Había pasado por la clínica, por el departamento de Miriam, por el café donde a veces se reunían.Nada.El teléfono seguía apagado.El pecho le ardía con una mezcla de culpa, miedo y desesperación.—Miriam… —murmuró entre dientes.Se detuvo en un semáforo que parecía eterno.Sus manos apretaban el manubrio de la moto.Intentaba pensar.¿A dónde iría alguien cuando todo se rompía?Entonces recordó algo.Una conversación antigua que Miriam le contaba que cuando se sentía triste le encantaba ir al mar, y recordo a Joshua.La playa, el lugar donde había conocido a Amelia.Miguel levantó la cabeza de golpe.—La costa…Llamó a Erick.— Donde fue el lugar que Joshua conoció a Amelia, el lugar exacto.— La playa de la tormenta, así se llama el lugar. ¿Por qué, crees que el idiota la llevó para alla?— Es solo una corazonada, pero debo confirmarlo.— Suerte.El semáforo no cambió, pero Miguel ya había acelerado, el motor de la moto rugi
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